La alegría de publicar a un autor que no conoce nadie
Única foto conocida de Alejo Barmasch. Familia del autor.

Fragmentos y adelantos

Audio RevistaOrsai.com La alegría de publicar a un autor que no conoce nadie

Con Chiri nos ponemos muy contentos cuando descubrimos gente nueva, talentos que no conoce nadie, porque en el fondo lo que más nos gusta de hacer la revista Orsai es poder alardear, dentro de cincuenta años, de que las mejores plumas empezaron con nosotros.

Un adelanto de

Hernán Casciari

Ilustraciones de

Matías Tolsà

Cuento completo en

Orsai Número 4

Voz Inicio cuento

Alejo Barmarsch

Voz Whatsapp

Chiri Basilis

En la Orsai número 4 que acaba de salir le dedicamos más de veinte páginas al cuento de un chico que no conoce nadie. El chico se llama Alejo Barmasch (es de Adrogué; nació en 1993) y escribió un cuento largo de casi once mil palabras (sesenta mil caracteres, para los editores de la vieja guardia) y está escrito en tercera persona clásica. Nos llegan muchos cuentos para revisar, de autores noveles casi siempre, y este le llamó la atención a Chiri por la falta absoluta de modernidad.

Creo que es, de lejos, el autor más joven que publicamos en estos ocho años. Su cuento apareció de golpe. Yo estaba en una feria del libro, me parece que en San Luis, y me llegó un WhatsApp de Chiri:

—Hola Jorgito, como va. Fijate que en la carpeta Cuentos del Drive compartido hay un cuento largo que se llama La cosecha

El que no conoce a mi amigo no se daría cuenta de su excitación. Pero yo lo conozco. A Chiri le había encantado ese cuento porque 1) jamás me avisa que hay un cuento nuevo en la carpeta Cuentos. 2) Nunca me manda un WhatsApp de trabajo un domingo al mediodía y 3) solamente me dice «Jorgito» por WhatsApp cuando está contento.

Yo estaba en el restaurante, a punto de almorzar, y abrí el Ipad para leer el cuento. Entonces recibí el segundo WhatsApp de Chiri.

—Parece un cuento hecho en otra época… pero en realidad lo escribió un chaboncito de veinticinco años, jovencísimo. Leélo y decime qué te parece y lo hablamos. A mí me encantó.

Dos WhatsApp de Chiri recomendando un cuento inédito era una especie de récord. Desde hace ocho años buscamos literatura nueva para la revista y nunca, jamás, se había puesto tan efusivo.

Tenemos una carpeta Cuentos en el Drive que es muy divertida. Adentro hay cuatro carpetas más. La primera se llama «El primer párrafo está bien» y ahí vamos poniendo cuentos que nos llegan en los que él, o yo (el que agarre primero el cuento) decidimos que el primer párrafo es prometedor.

Cuando uno de nosotros ve algo nuevo en esa carpeta, lee un poco más del cuento. Y si la continuación se mantiene potable pasa a la segunda carpeta, que se llama «Las dos primeras páginas están bien». Y así vamos subiendo de nivel el cuento hasta la carpeta final, que se llama «Leélo todo, puede andar».

En general, de cien cuentos que nos llegan, ocho alcanzan la carpeta tres, y uno o ninguno la carpeta final.

Lo que nunca había pasado, hasta ese día, es que Chiri se hubiera puesto ansioso avisando que había un cuento nuevo en la carpeta uno. Y mucho menos que mandara dos WhatsApp para recordármelo. Y entonces apareció otro. ¡Tres WhatsApp!

—Está muy bueno. Para mí va como loco para el pliego de Literatura. Un abrazo, Jorgito.

Ahí entendí que Chiri ya había tomado la decisión de publicar el cuento en la Orsai cuatro, independientemente de lo que yo pensara como director, fundador y editor responsable.

Así que me puse a leer el cuento, a las 13:50 de un domingo en San Luis. Y a las tres páginas supe que estábamos frente a un autor genuino, clásico, con una sabiduría que no podía venir de ninguna manera de su experiencia, porque era un pendejito maleducado. Un poco lo odié, porque yo a los veinticinco años escribía unas bostas tan grandes que sería incapaz de mostrarle a nadie. Pero me ganó la admiración, porque es muy necesario que aparezcan voces nuevas, y esta era una voz nueva y vieja al mismo tiempo, como si desde abajo de una baldosa hubiera aparecido un insecto venenoso de mediados del siglo veinte.

Tal y como me decía Chiri por teléfono, La cosecha es un relato clásico, un policial de campo, tremendamente entretenido y actual, como si a Leopoldo Lugones le hubieran financiado una serie en Netflix.

Me atrapó desde la primera frase. Los que somos del interior conocemos bien esa sensación invernal, profunda y llena de vacío.

Así que me puse a leer, con la voz del autor en la cabeza, la primera página del cuento:


Fue un invierno nefasto. Los campos de Tres Arroyos amanecieron varias veces cubiertos por heladas que amenazaban con echar a perder los cultivos de esa temporada. Ahora, con los primeros calores, llegaba el tiempo de la cosecha. Pero las máquinas que recorrían los campos solamente levantaban nubes de polvo y tallos raquíticos. Los chacareros estaban preocupados.

Apoyado sobre la baranda del puente de la Ruta 3, Evaristo Suárez apenas escuchaba el estruendo de los motores diesel. Debajo suyo, el río Quequén Salado, más que correr, se arrastraba como una culebra por las pampas del sur de la provincia. Evaristo prestaba atención a sus aguas. Los pescadores con oficio saben que las lisas se delatan con corridas y chapoteos que pueden verse desde la superficie. Pero esa mañana el río estaba planchado y lo único que se veía sobre su espejo eran pastos secos y espigas de trigo.

«Todavía es temprano», pensó Evaristo. «Las lisas solo comen cuando hace calor y el sol todavía no llegó a calentar el agua».

Se acomodó contra la baranda del puente y encendió un cigarrillo. Mientras esperaba, se distrajo mirando cómo el agua se llevaba las cenizas que él tiraba desde arriba.

Así estuvo un rato, hasta que el cuello comenzó a dolerle. Levantó la cabeza y la movió de manera tal que los huesos de su cuello tronaron uno a uno; la giró despacio, con los ojos cerrados, como dibujando un círculo imaginario con su nariz. Primero, en sentido horario; después al revés. Cuando sintió que la tensión en su cuello desaparecía, abrió los ojos y notó que algo venía flotando río arriba.

Al principio no supo bien qué era porque estaba muy lejos, pero la corriente lo fue acercando muy despacio hasta hacerlo pasar por debajo del puente. Entonces Evaristo pudo verlo con claridad. Primero distinguió la nuca. Después, los omóplatos puntiagudos que asomaban a través de la remera empapada. No tuvo tiempo de juntar la caña ni el resto de sus cosas. Temblando, puso en marcha la moto y encaró para el pueblo. Mientras el zumbido del ciclomotor se confundía con el de las cosechadoras, el Quequén Salado se llevaba el cuerpo sin vida de Maximiliano Correa.

Ilustración de Matías Tolsà para «La cosecha». ORSAI:

Tremendo.

Levanté la vista en el restaurante del hotel, para ver si los demás comensales también se habían dado cuenta de que había nacido un nuevo autor nacional, pero estaban todos mirando a un barbudo en TN, porque es un país insensible.

Y entonces, de un tirón, mientras se me enfriaba el almuerzo, me encerré en una historia policial alucinante, con un final inesperado. Como pasaba antes, cuando la literatura no estaba contaminada por la ansiedad. Me fascinó el cuento, y me quedé toda la tarde metido en el clima hostil de Tres Arroyos.

Le dije a Chiri, por WhatsApp, que le avisara al chico que habíamos elegido su cuento para la Orsai número cuatro, y después me metí a Google y puse su nombre y su apellido —Alejo Barmasch—, para saber más sobre él. Y fue ahí que vi solamente dos resultados: su página de Facebook y sus datos fiscales.

«No lo conoce ni el gato», pensé, «¡qué maravilla!».

Y sentí que nuestra revista es el mejor juguete que podíamos inventar.

Doble página presentación del cuento «La cosecha». Orsai.

El pliego de literatura de la revista Orsai es el único en blanco y negro de cada edición y lo ilustra históricamente, desde Barcelona, Matías Tolsà. En esta ocasión le pedimos que intervenga el relato de Alejo con los seis personajes principales de La cosecha en posición de pose a cámara, y el resultado le da a la trama un complemento de lujo.

El cuento «La cosecha» aparece en las páginas 172 a 199 de la Orsai N4 (temporada dos) que se puede conseguir hasta el 15 de febrero en la Tienda Orsai. Desde el 1 de marzo, este cuento y el resto de la revista, completa, estarán en PDF gratuito.

Un adelanto de

Hernán Casciari

(Mercedes, 1971) Desde 2003 escribe ficción en directo en la red. Publicó las novelas «Más respeto que soy tu madre» y «El pibe que arruinaba las fotos». Y los libros de relatos «España perdiste», «El nuevo paraíso de los tontos», «Charlas con mi hemisferio derecho», «Messi es un perro» y «El mejor infarto de mi vida». Ha sido columnista de La Nación y El País. Dirige la revista Orsai.
Ilustraciones de

Matías Tolsà

(Villa Constitución, 1983) Nació en Argentina, aunque vive en Cataluña desde chico. Ilustrador-caricaturista freelance, publica en varios medios y coordina una nueva escuela de dibujo en Cataluña. Es miembro fundacional de la revista y ha dibujado prácticamente en todos los números. Su web: hagodibujitosytal.blogspot.com.
Cuento completo en

Orsai Número 4

Voz Inicio cuento

Alejo Barmarsch

Voz Whatsapp

Chiri Basilis

Comentarios

Orsai Ignacio Merlo 20:42:32 - 08/02/2019

El cuento de este pibe es una animalada con un ritmo narrativo perfecto.

Orsai Diego Graselli 16:36:01 - 06/02/2019

Me encanto el comienzo ! Ansioso por que llegue la N4 a casita :)

Orsai Santiago Caamaño 15:25:19 - 05/02/2019

Que bueno que le den lugar a las nuevas voces. (Buen comienzo, por cierto) Saludos.

Orsai Julieta Gómez 11:43:02 - 05/02/2019

subiendo la vara!

Orsai Francisco Sanz 00:13:55 - 05/02/2019

y así me convencieron de comprar el #4.. admirable método -abrazos y ¡salud!

Orsai Majo 17:23:16 - 04/02/2019

Te admiro. Gracias por darnos tanto